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El azúcar es el nuevo tabaco

Es más adictivo que la cocaína y eleva el riesgo de ira en los niños
Los expertos exigen a la industria que se reduzca en un 30%
No se fíe de las etiquetas

Cada español consume al día 120 gr., entre 15 y 20 cucharaditas...
Cada español consume al día 120 gr., entre 15 y 20 cucharaditas diarias, frente a los 55 recomendados.

Déjeme adivinar… ¿Es adelgazar uno de sus propósitos de año nuevo? En caso de que haya acertado, siga leyendo. De lo contrario, hágalo también porque puede que su salud lo agradezca incluso aún cuando disfrute de un cuerpo 10 y no le sobre ni un gramo. Los expertos cada vez lo tienen más claro, aunque haya voces disonantes. Son los azúcares añadidos, y no la grasa, como desde hace tiempo se ha creído, los verdaderos causantes de que engordemos y de que lo hagamos en épocas de excesos, como la campaña que acabamos de cerrar, un auténtico frenesí azucarero.

En los últimos 150 años el azúcar se ha ido metiendo en nuestro sistema, poco a poco, casi formando a pasar parte de él, hasta el punto de que se le ha llegado a calificar como «el tabaco de nuestro tiempo». Oro blanco que endulza nuestra vida, pero también una sustancia incluso más adictiva que la cocaína y la morfina, como demostró el año pasado un experimento con ratas en el laboratorio del Connecticut College. [Cuando los roedores podían elegir entre cocaína y azúcar, la mayoría eligió lo segundo, incluso en ratas que antes habían probado la cocaína, demostrando el gran poder de adicción del dulce]. Un alimento que debe tomarse con moderación, y mucha, si quiere evitar que los kilos de más que se han instalado en su cuerpo le acompañen durante una larga temporada.

Caramelo envenenado.
Su agradable sabor invade la boca otorgando una sensación de placer completa. Desde la punta más exterior de nuestra lengua hasta la oscuridad recóndita de la garganta, el azúcar se mete en nuestro cuerpo, causando una inmediata sensación de bienestar, desatando la serotonina, la conocida como la hormona de la felicidad, y activando las partes del cerebro asociadas con el bienestar. Es cierto, el azúcar proporciona felicidad, pero puede que a la larga contribuya a menguar la salud de nuestro cuerpo. Un caramelo envenenado. Un alimento natural, básico, que proporciona energía de forma inmediata, pero con la producción en masa de los últimos tiempos ha pasado de ser un capricho ocasional a invadir nuestras cocinas, hasta el punto de que lo encontramos en los alimentos más insospechados. Así que ya lo sabe, si quiere perder peso elimine el azúcar de su dieta. Ahora bien, esto es más fácil dicho que hecho porque en el mundo desarrollado se da la siguiente (extraña) circunstancia: el consumo de azúcar de mesa ha caído en picado, mientras que se ha disparado el uso de azúcares en productos elaborados e industriales. Es decir, ahora consumimos azúcar sin ser realmente conscientes de ello y ahí está el gran problema, según acaba de denunciar la campaña global Action on Sugar, que el azúcar se ha metido en nuestro metabolismo hasta hacernos depender de él sin nosotros siquiera saberlo.
Freno a la obesidad.
Los expertos reclaman a la industria que en los próximos cinco años reduzca en un 30% el azúcar añadido en los alimentos. Están convencidos de que es la manera más efectiva y barata de poner freno a la diabetes y la obesidad, dos de las plagas de nuestro mundo que a diferencia de otras pandemias no tienen un plan de actuación para su freno. Unas estimaciones que también comparte Naciones Unidas, que habla de las «pruebas evidentes que demuestran el vínculo que existe entre refrescos y comida con azúcares añadidos y la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares». Sin embargo, hay expertos que defienden el aspecto natural del azúcar, un alimento básico de toda la vida cuyo consumo con moderación no sólo no es perjudicial sino que es recomendable. La doctora Carmen Gómez Candela, jefe de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital La Paz de Madrid, alerta de los engaños en los productos elaborados que inundan las estanterías de los supermercados y que ya forman parte de nuestras cocinas. Un producto «sin azúcar», «sin azúcar añadido» o «con contenido reducido en azúcares» no tiene por qué tener menos calorías que un producto azucarado, pues la ley no exige dicha condición. De hecho, se da la paradoja de que algunos productos de estas categorías sin que encontramos en el supermercado llegan a poseer más calorías que el azúcar, al tener que sustituir la función de «dotación de volumen» a partir de la adición de grasas. La doctora, que participa en el comité científico del Instituto de Estudios del Azúcar, no tiene dudas a pesar de la información engañosa que en muchas ocasiones confunde al consumidor. «Una alimentación saludable, equilibrada y variada debe contener azúcar en cantidades moderadas y así lo aconsejamos cada día y lo hacen la mayoría de las recomendaciones nutricionales internacionales», asegura a Crónica.
Azúcar en todo.
¿Se puede llegar a imaginar que un café caramelizado con nata tamaño pequeño puede llegar a albergar hasta 11 cucharaditas de azúcar? ¿Y que una lata de Coca-Cola contenga nueve cucharaditas? Cuesta creer, ¿verdad? Fíjese hasta qué punto estamos enganchados al azúcar que según Action on Sugar incluso un yogur desnatado puede contener hasta cinco cucharaditas de azúcar. Encontramos azúcar en los yogures, y también en el pan, en los refrescos, en las verduras congeladas, en la comida enlatada, en la bollería, en la pasta, en la leche, en la salsa de tomate y en todo tipo de comida que sufra un proceso de elaboración, incluso en la conocida como comida light o zero y en la comida salada, la menos sospechosa de contener azúcar añadido. Verdad de la buena, aunque no se lo crea. Un auténtico imperio del azúcar donde sólo parece existir una clave para guiarse en este mar de confusión: si observa que alguno de los tres primeros ingredientes del alimento es el azúcar, manténgase alejado de él. Si de lo contrario, el alimento acaba plasmado en un plato ante sí y lo ingiere tenga en cuenta que puede que termine el día con mucho más de los 55 gramos máximos de consumo de azúcar que recomienda la Fundación Española de la Nutrición. Pero no piense que es el único. En España, se estima que el consumo por persona y día es de unos 120 gramos (entre 15 y 20 cucharaditas de postre al día). Pese al dato, nuestro país sigue siendo uno de los socios de la Unión Europea que menor cantidad de azúcar consume, frente a gigantes como Alemania, Reino Unido o EEUU.
Son sólo eufemismos.
Los expertos alertan también de la propaganda engañosa que se ha instaurado entorno al azúcar, ese ingrediente que parece estar sin estar. Recuerdan además que ningún otro mamífero come azúcar añadido y que además es totalmente innecesario tomar azúcar añadido para nuestra dieta, un sistema totalmente inventado por el ser humano. La industria azucarera, consciente de la mala prensa del azúcar, se ha inventado un repertorio de palabras con supuestas connotaciones saludables, tales como sirope de cebada, azúcar de remolacha, sirope de arroz moreno, cristales de caña, edulcorante de maíz, pulpa de fruta y otras muchas que no son más que eufemismos que solo significan una cosa: azúcar añadido. Y mucho cuidado con esto, porque quizás no lo sepa pero el azúcar tiene cero valor nutricional y no tiene ningún efecto saciante.
¿Cuánto puede tomar mi hijo?
La Organización Mundial de la Salud recomienda que el azúcar constituya menos del 10% de la dieta diaria del niño,10 gramos de azúcar por cada 100 gramos de comida. Los expertos han hecho sonar las alarmas tras haber constatado que la gran mayoría de alimentos dirigidos a los pequeños supera la cifra con creces. Cereales, galletas, zumos, yogures,… Nuestros niños crecen con la adicción al azúcar en su cuerpo, un comportamiento que sin duda les hará ser adultos menos saludables y totalmente adictivos a un ingrediente superficial con nulo valor nutricional. Además, más allá de la obesidad infantil, los expertos avisan: si su hijo va mal en el colegio lo primero que debe hacer es eliminar el azúcar de su dieta. Y es que el azúcar disminuye considerablemente la concentración del menor, eleva el riesgo de ira y hace que sus cambios de humor sean más inestables y variables, aseguran expertos en nutrición del Reino Unido. Seguro que muchos padres nunca se han parado a pensar en las consecuencias de recompensar a sus hijos con dulces.
http://www.elmundo.es/cronica/2014/01/12/52d139ee22601d210e8b4577.html

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