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El deshielo no tiene marcha atrás

Seis importantes glaciares que forman parte del gran desierto de hielo de la Antártida se están deshaciendo sin que haya marcha atrás. Harán aumentar en 120 centímetros el nivel del mar, y negarán un territorio donde viven millones de personas

Gran parte del inmenso desierto de hielo de la Antártida occidental ha empezado a desintegrarse. El deshielo que se produce de manera incesante parece un proceso imparable, según los últimos datos de dos grupos de investigación diferentes. Si los resultados de sus estudios se confirman, este proceso también podría desestabilizar las partes contiguas a esta zona del casquete polar antártico, y sería inevitable que se produjera un ascenso del nivel del mar de tres metros o más en los próximos siglos.

Los científicos afirman que el calentamiento del planeta causado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero ha contribuido a desestabilizar los glaciares de la Antártida, aunque la posibilidad de que hayan intervenido otros factores. Añaden que es probable que la subida del nivel del mar sea relativamente lenta en lo que resta de siglo XXI, pero posiblemente se acelerará más adelante, lo que podría provocar una crisis social. “Está pasando de verdad”, dice Thomas P. Wagner, que dirige los programas de la NASA sobre casquetes polares y que ha colaborado en la supervisión de una parte del estudio. “A estas alturas no hay nada que lo pueda detener, pero sigue habiendo un límite físico: la velocidad a la que se desplaza el hielo”.

Los dos artículos científicos, publicados recientemente en Science y Geophysical Research Letters,llegan a conclusiones similares por medios diferentes. Ambos grupos de investigación constataron que los glaciares de la Antártida occidental habían sufrido un retroceso suficiente para hacer que el casquete polar se convirtiera inherentemente inestable, lo que los expertos temen desde hace décadas.

Los glaciares de la Antártida occidental están situadas sobre una depresión de la corteza terrestre con forma cóncava. La base rocosa sobre la que reposa el hielo que las conforma está por debajo del nivel del mar. Así pues, el agua relativamente cálida del océano hace que el hielo que descansa sobre los bordes de la depresión, que está en contacto con el agua, pierda grosor y retroceda. A medida que la parte frontal del hielo se retira de los bordes de la depresión cóncava y la corteza rocosa vuelve más profunda, el retroceso se acelera considerablemente.

SEIS GLACIARES QUE SE DESHACEN

En uno de los estudios, el equipo liderado por Eric Rignot, del campus de Irvine de la Universidad de California, ha documentado la aceleración que ha experimentado la retirada de seis glaciares de la cuenca del mar de Amundsen durante las últimas décadas. Su trabajo se ha basado en mediciones hechas por satélite y desde el aire. Además, el equipo ha podido descartar la existencia de montañas o colinas suficientemente elevados para ralentizar el retroceso elaborando mapas actualizados del zócalo rocoso de bajo del glaciar. “Hoy presentamos pruebas observacionales que muestran que una parte muy extensa del inlandsis [glaciar continental] de la Antártida occidental ha empezado a retroceder de manera irreversible-comunicó Rignot a la rueda de prensa de la NASA-: se superado el punto de no retorno “. La desaparición de las seis glaciares que han estudiado podría aumentar directamente el nivel de los océanos en unos 120 cm a lo largo de varios siglos. Además, Rignot advierte que lo más probable es que en caso de desaparecer desestabilicen otras zonas del casquete polar antártico, de modo que la subida del nivel del mar se podría acabar triplicando.

NO HAY MARCHA ATRÁS

Otro equipo liderado por Ian Joughin, de la Universidad de Washington, ha estudiado uno de los glaciares más importantes, la de Thwaites. Para ello han utilizado sofisticados modelos informáticos y mediciones recientes del desplazamiento del hielo. El equipo también ha constatado que es inevitable que se produzca un derrumbe en cámara lenta. Incluso aunque desapareciera el efecto del agua cálida que consume el hielo no se podría detener el proceso. Sería “demasiado poco y demasiado tarde para estabilizar el glaciar”, en palabras de Joughin. “No hay ningún mecanismo de estabilización posible”.

Aunque hace tiempo que se sabe que el deshielo afecta la Antártida, los nuevos datos son muy relevantes. Aunque los dos grupos trabajaban por separado en los estudios y que estaba previsto que fueran publicados con días de diferencia, al saber que estaban obteniendo resultados similares ellos y las dos publicaciones se pusieron de acuerdo para comunicar los resultados el mismo día.

Estas revelaciones confirman el cumplimiento de una predicción hecha en 1978 por un glaciólogo eminente, John H. Mercer, de la Universidad Estatal de Ohio. Mercer señaló el carácter vulnerable del glaciar continental de la Antártida occidental y advirtió que el ritmo intenso de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero podía ocasionar una catástrofe. Fue muy criticado, pero los últimos años los científicos han observado con creciente preocupación cómo los acontecimientos seguían a grandes rasgos el curso previsto por Mercer, muerto en 1987.

UN BAÑO DE AGUA CALIENTE

Los investigadores afirman que el inlandsis no se deshace debido a un aumento de las temperaturas del aire, sino más bien porque las aguas relativamente cálidas que de manera natural se encuentran en las profundidades del océano ascienden a la superficie como consecuencia del aumento en la intensidad de los fuertes vientos que rodean la Antártida las últimas décadas.

El nivel de los océanos ha ido en aumento desde el siglo XIX. No obstante, la contribución de la Antártida a este aumento ha sido discreta hasta nuestros días. El factor más influyente en la actualidad es la dilatación del agua marina a medida que se calienta. Sin embargo, se espera que en el futuro el deshielo tanto de Groenlandia como de la Antártida tenga una influencia mucho más importante sobre este fenómeno. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, un comité científico de la ONU, ha advertido que el nivel medio de los océanos podría llegar a aumentar unos 90 cm a finales de siglo si no se intensifican los esfuerzos para controlar las emisiones de gases de efecto invernadero. Los resultados de los nuevos estudios indican que es probable que la situación se agrave de manera muy acusada los siglos siguientes.

Los efectos que tengan estos cambios dependerán en parte de los fondos que destinen los gobiernos a proteger las costas del aumento del nivel del mar en el futuro. Un aumento de poco más de un metro, por ejemplo, inundaría zonas donde actualmente viven 3,7 millones de estadounidenses.

Pesticidas, residuos y demasiados turistas al continente blanco

A pesar de tratarse de un continente aislado, de difícil acceso y con una lesgislació de ámbito internacional-el Tratado Antártico-que restringe la actividad humana a científicos y algunas visitas controladas, la Antártida está contaminada. Así lo demuestra un nuevo estudio que se ha dado a conocer recientemente. Los datos científicos recogidos por el explorador Ramón Larramendi demuestran la existencia de contaminantes orgánicos y pesticidas en la Antártida. El estudio se ha realizado a partir de muestras recogidas en una expedición al continente helado y se ha presentado en Basilea (Suiza), durante el congreso anual de la Sociedad Europea de Toxicología y Química Medioambiental (SETAC 2014).

La Antártida, este “desierto helado, lejano e impoluto, con barreras naturales que en teoría lo protegen, es en realidad más vulnerable de lo que se pensaba”, explica Ana Cabrerizo, directora del estudio e investigadora del Instituto para el Medio Ambiente y la Sostenibilidad de la Comisión Europea. En el artículo también participan Jordi Dachs, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua; Ramón Larramendi, que lideró la expedición; Juan Pablo Albar, del Centro Nacional de Biotecnología (CSIC), que se encargó de la recogida de los datos, y Gemma Caballero (IDAEA-CSIC). Los resultados de este estudio, según dicen sus autores en un comunicado de prensa, ponen de manifiesto cómo el ser humano está perturbando la biosfera. Las sustancias que los investigadores han señalado como contaminantes orgánicos afectan el aire, la nieve, el agua, la vegetación y las redes tróficas de los organismos en la Antártida marítima. Se trata de bifenilos policlorados y pesticidas organoclorados, según el estudio.

Estas partículas contaminantes tienen una vida entre media y larga. Los investigadores han recogido datos suficientes para establecer la dinámica. No quedan atrapadas en la nieve como se creía-se pensaba que esto retrasaba su llegada a la meseta antártica-, sino que se van moviendo de las regiones templadas a las más frías. Los científicos recogieron las muestras con un trineo de viento con el que poder hacer un muestreo atmosférico en un recorrido que va desde la Estación Novolazarevskaia, a 75 kilómetros de la costa, hasta el glaciar Unión, cruzando el polo Sur durante 35 días.

También preocupa el impacto del turismo. El último cuarto de siglo el número de turistas en la Antártida se ha multiplicado por siete, pasando de 5.000 en 1990 a 35.000 en 2013, según cifras de los operadores turísticos. La mayoría de turistas visitan la Antártida en barco y pagan hasta 11.000 dólares por una cabina de lujo en temporada alta, entre noviembre y marzo. Otros sólo sobrevuelan el continente.

http://www.ara.cat/suplements/diumenge/desglac-Pesticides-residus-turistes-continent_0_1144685522.html

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