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El gen Matusalén

  • La clave de los más longevos de España,13.312 centenarios, está en un manojito de genes

  • El científico que la ha hallado nos guía en la búsqueda de los Matusalén y sus hijos

  • El récord lo tienen Concha y Ana, con 112 años

  • Espera a Crónica sentadita a la entrada de su adosado, mirando al jardín de geranios.

    -Victoria, 103 años ya… Le llaman a usted campeona.

    -103, Uiiii. Pero aquí estoy aún, hijo…

    Y entera. Sin prótesis en los huesos. Con el oído fino, atenta. Pelo de color nieve. Delgada como lo estuvo siempre. Sana, sin pastillas que tomar, con el corazón bombeándole 62 veces por minuto. «Un prodigio», resume el geriatra que la sigue. Y Victoria, sin darse importancia, a lo suyo.

    -Me gusta todo -zanja cuando se le pregunta por la comida.

    De la cocina llega un olor rico a pescado y verduras. No es dieta. Es lo que toca para el almuerzo, que rematará con una pieza de fruta. Mañana serán carne, legumbres y más fruta. Come de todo. Pero nunca entre horas. Minerales, proteínas, azúcar, glóbulos rojos… Su analítica, defensas incluidas, es la de una joven de 30 años, cuentan los médicos asombrados. Se lo da una genética única. Y aunque los recuerdos los mantiene igual de vivos que en sus tiempos de profesora en las deprimidas Hurdes de Extremadura, a ratos las palabras se le resisten. Entonces estira sus largas y huesudas manos y agarra las del periodista como una lapa. Los ojos vidriosos hablan por ella. Le gusta que la besen y acaricien.

    -¿Y tú cuántos años tienes?-improvisa en otro momento la centenaria girando la cabeza hacia su hija María Victoria.

    -Yo, 64, mamá.

    Ajena desde joven a las cuentas del calendario -«nunca le preocupó lo más mínimo la edad», tercia su hija-, Victoria no termina de creerse del todo que lleva ya 103 años en este mundo, sin dolor que la atormente, 37.595 días vividos. Y con éxito.

    -¡Cómo vas a tener 64! -se sorprende como si de pronto le parecieran demasiados años para una hija-. ¿Entonces yo…?

    Como el arqueólogo que tropieza con una especie desconocida conservada en ámbar, quienes buscan las claves para alargar la vida más allá de los 100 han encontrado en la campeona de Alzira -seis hijos y 12 nietos- un libro abierto. En sus células se esconde una genética especial, rara, lo que algunos estudiosos del envejecimiento resumen como efecto Matusalén. Ella no es la única: también lo han detectado en Marcos, químico de 103 años; en Josefa, tendera de 104; en Rosario, de 106; en Delfina, ama de casa de 107; en el agricultor Francisco, de 109… Máquinas de supervivencia.

    Sus cuerpos son un territorio virgen, inexplorado desde su nacimiento, para quienes intentan dar con la tecla de la longevidad. Y al parecer la han encontrado científicos españoles mediante dos estudios paralelos.

    El verdadero gen ‘Matusalén’, que es un raro ensamblaje de ADN, se termina de formar en el vientre materno

    En el primero, el más avanzado, han hallado el gen de la larga vida -bautizado APOB- en 20 de los 34 centenarios seleccionados. Y lo que ahora se proponen es estudiar a sus hijos. Quieren saber si ese maravilloso trocito de ADN lo han transmitido a sus descendientes.

    El otro descubrimiento da respuesta a dos preguntas: ¿de qué depende que sus órganos aguanten tanto? ¿Por qué gozan de una vida relativamente sana? La clave, también genética, tiene que ver con las enfermedades propias de cada edad, y la ha encontrado otro grupo de biólogos en 152 españoles de entre 100 y 111 años.

    Veamos. El programa que nos alarga la existencia, el que lleva escritas las instrucciones químicas necesarias para que una persona termine convirtiéndose en un matusalén, se aloja en un manojito de genes excepcionales, situado en el cromosoma 2; y entre ellos el bautizado como APOB. «Este es un gen no demasiado común pero muy grande y con mucho efecto, implicado en el transporte del colesterol malo», adelanta el científico Manuel Serrano, responsable del hallazgo cuya descripción y resultados serán publicados próximamente en una revista científica.

    «Las familias que compartían variantes raras de este gen superaban con creces el siglo de vida», añade el biólogo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Se ha formado en el Cold Spring Harbor de Nueva York, el mítico laboratorio dirigido entonces por el Nobel James Watson, codescubridor de la famosa molécula del ADN. El hallazgo se produjo tras estudiar el genoma de los más ancianos de la valenciana Alzira, 44.788 habitantes, una de las localidades con más centenarios de España, 34.

    Aquí nadie habla de terapias místicas, ni de pócimas que purifican la sangre, ni de píldoras antioxidantes que prometen ralentizar el envejecimiento. «Lo que hay es mucha dieta mediterránea y, por otra parte, unos rasgos genéticos muy marcados que se heredan parcialmente», tercia el geriatra Juan Antonio Avellana. Durante años él ha estado siguiendo desde el hospital La Ribera de Alzira, donde ejerce, a los más ancianos de la zona y a sus familias, que han colaborado en la investigación. «No estamos hablando de encontrar la llave de la eterna juventud. En absoluto. No existe, es inútil perder el tiempo en eso», despeja equívocos el doctor cuya investigación ha sido financiada por el Instituto de Salud Carlos III. «No podemos ser jóvenes toda la vida, pero lo que sí es posible es alargar nuestra existencia y que además merezca la pena hacerlo. Estamos empezando a saber cómo hacerlo. Conocemos bastantes cosas, aunque no todo lo que está escrito en los genes de estos centenarios y supercentenarios. Lo que sí sabemos es que en ellos radica la clave para vivir mucho más tiempo».

    En la actualidad, 13.312 españoles rebasan la mítica cifra de los 100 años. De esos, 350 son mayores de 105, según el rastreo del Grupo de Investigación Gerontológica. Y por encima de todos ellos, los supercentenarios, aquellos que superan los 110 años, lo que se conoce como longevidad extrema. Quedan dos, Ana Vela Rubio, de Puente Genil (Córdoba), la quinta persona viva más longeva de Europa, y Concha Pérez Cidad, nacida en Grijalba (Burgos), en el puesto seis del escalafón europeo. La primera cumplirá los 113 en octubre y dos meses después los hará su rival burgalesa en edad. Ninguno de estos españoles podrá jamás alcanzar los 969 años del personaje bíblico, pero el sueño de vivir más -y mejor- está cada vez más cerca de convertirse en realidad.

    Las personas que llegan a centenarias viven al menos 15 años más que la gran mayoría. ¿Esa excepcional longevidad es un rasgo que se hereda?

    -A veces se hereda y otras veces es propia de cada persona. Hay gente de 105 o más años cuyos padres murieron a los 70 o a los 80. Incluso los hay que tuvieron hermanos que fallecieron 20 años antes y ellos vivieron hasta los ciento y pico-, aclara el doctor Avellana.

    -¿Entonces…?

    -Existen variantes genéticas que hace únicos a los longevos. Y ello a pesar de que en general venimos de fábrica preparados para aguantar 100 años. Pero aún así el ambiente en que nos desarrollamos, como la calidad del aire, de los alimentos, la higiene, el consumo de tóxicos…, dificulta que podamos vivir más, adquirimos enfermedades, nos volvemos unos discapacitados y morimos antes. Por otra parte, están las personas que nacen con un equipaje genético determinado que les permite hacer un recorrido vital mucho más largo que el de la inmensa mayoría de la gente y llegan a los 104 o a los 113 años. También tienen que cuidarse, por supuesto, perovienen con un plus genético que les ayuda a alcanzar unas edades muy considerables. Y ese linaje genético, que no siempre se hereda, sino que se adquiere por una extraña combinación del ADN en el instante en que la persona es concebida en el útero materno, se parece más al de los jóvenes de 30 años que al de los viejos de 80 o de 90.

    Porque lo que hacen los genes es dar las instrucciones precisas para construir pieza a pieza cada rincón del cuerpo. Y además aportan una especie de fecha de caducidad. «El gen APOB que hemos encontrado -puntualiza Manuel Serrano- tiene unas secuencias raras en su química, lo que se llaman variantes particulares, que regula los procesos químicos de los cuales depende que piezas vitales del organismo, como las venas, las arterias o el corazón, no se deterioren y puedan seguir funcionando 100 o más años».

    No hay más que ver al químico Marcos García. También lleva el gen de la longevidad. A sus 103 años, 70 dedicados a la investigación y a la docencia en la Universidad Complutense de Madrid, no perdona una mañana en un parque o un rato en la terraza de una cafetería:«Algún lumbago, algún catarro y poco más he tenido en mi vida». En cambio, su padre, médico militar, falleció a los treinta y tantos de un cáncer y su madre a los 80. La receta de Marcos, además de guardar la boca, es dormir. «El sueño, si es bueno, lo cura todo, regenera». Y las vitaminas y proteínas que, según él, actúan como los ladrillos del organismo. Que esos ladrillos duren 100 o más años está escrito en el ajuar genético que cada uno de nosotros traemos al nacer.

    No ha sido fácil encontrar a los protagonistas de esta historia. Varios de ellos han fallecido no hace mucho a los 104, 105 o 109 años. Otros, unos días antes de que fuésemos a su encuentro. De una familia de tres hermanas centenarias que participaron en el estudio, todas ellas por encima de los 102, ya no queda viva ninguna. Y lo mismo ha pasado con dos hermanos longevos que habían prestado sus genes.

    Otros matusalenes -hasta 11- han seguido cumpliendo años pero han preferido mantener el anonimato. Bien porque sus familiares así lo han querido o porque han terminado en residencias donde habitualmente las normas impiden que se les entreviste. También es normal encontrarse con esquelas. El salmantino Salustiano Sánchez Blázquez, el hombre más longevo del mundo según el Libro Guinness de los Récords, falleció a los 112 años y 99 días (13 de septiembre de 2013) en un asilo del estado de Nueva York. Había emigrado a EEUU con 19 años. Dejó siete nietos, 15 bisnietos y cinco tataranietos. Un año antes, también en septiembre, se iba para siempre el considerado más longevo de Europa, Francisco Fernández Fernández, 111 años, de Pinilla de la Valdería, León. Al tío Quico le sobrevivieron cinco hijos, ocho nietos, 14 bisnietos y una tataranieta.

    Ahora, los hijos

    En total, fueron seleccionados para la investigación 20 de los españoles más longevos, de los 34 que hay registrados en la localidad valenciana de Alzira (44.788 habitantes) y pueblos cercanos. Todos ellos nacieron antes que los antibióticos. Pero ninguno con males crónicos, aún hoy. Ahora toca comprobar si los hijos de los centenarios estudiados (como María Victoria, en la portada, Josefa o Francisco, en la página anterior) han heredado la genética de sus padres y de sus madres. Búsqueda que los científicos realizarán este verano y cuyos resultados podrían estar listos a finales de 2015.

    «Si al final resulta que tengo la genética de mi madre, me preocuparía», dice María Victoria. «No quisiera molestar a nadie, pero si puedo valerme por mí misma, entonces estupendo». «Me conformo con que la cabeza me funcione», añade Josefa, hija de la difunta Ángela, que falleció con 104 años.

    Una de las sorpresas que más han llamado la atención es la fortaleza del sistema inmune de los centenarios analizados. «No han perdido su capacidad para defenderse de los virus y de las bacterias», resalta el geriatra Avellana, sorprendido. Al contrario. «Sus defensas funcionan igual de bien que cuando eran jóvenes». Ni siquiera se vacunan contra la gripe.

    El retrato vital que dibujan los investigadores muestra un perfil común: son bajitos (alrededor del 1,70), no están gordos, su sangre está limpia de niveles de colesterol perjudiciales, sólo el 15% fuma, el 12% bebe alcohol, hacen ejercicio (sobre todo caminar por el campo o la ciudad y mantenerse activos todo el día), siguen una dieta mediterránea, comen de todo y en pocas cantidades.

    «Esto es como un coche de altísima gama», tira de símil el científico Manuel Serrano. «Viene equipado con el mejor motor, con piezas únicas, prácticamente infalibles. Pero si en vez de echarle la gasolina adecuada, lo alimentas con otra de peor calidad y además le das un aceite inferior, en vez de durar en plena forma, por ejemplo, 20 años, el coche empezará a tener achaques y terminará cascando antes de lo previsto. Algo parecido a lo que ocurre con nuestros cuerpos y sus genes».

    Los de Concha Pérez Cidad han cumplido muy bien hasta ahora. Y es que detrás de sus 112 años (soplará 113 velas el 9 de diciembre) existe algo más que una vida ordenada y sin excesos. Es la segunda persona más longeva de España después de Ana Vela Rubio, quecumplirá los 113 dos meses antes. Apenas tres años menos que la más anciana del planeta, la japonesa Misao Okawa, 116 primaveras.

    Prueba de que la genética longeva no sólo ha favorecido a Concha, son los 100 años que cumplirá en enero su hermana Bene.

    -¿Qué hay que hacer para vivir tanto tiempo?

    -Venir bien equipada de naturaleza y sobre todo no desperdiciar ni un día, ni un minuto de tu vida.

    La supercentenaria suelta una sonrisa pícara. Lleva genes poderosos en la sangre. Goza de buen apetito y de un estómago a prueba de malas digestiones. Duerme sin pastillas. «El médico, para meterse con ella, suele decirle que si ha llegado a vivir 112 años es porque no ha tenido que aguantar a ningún hombre», cuenta Alicia, su fiel y eficaz cuidadora. «Nunca fue de ponerse cremas ni de hacer dietas milagrosas para parecer más joven».

    El próspero negocio de la longevidad, la nueva vaca lechera de los laboratorios farmacéuticos, mueve más de 10.000 millones de euros al año en todo el mundo. El último hallazgo lleva como reclamo «Moléculas de la longevidad que retrasan el envejecimiento». Dicho por el biólogo Jing Huang, una de las estrellas de la Universidad de California, suena tan seductor como enigmático. Se trata en realidad de un compuesto que se utiliza en suplementos deportivos, llamado alfa-cetoglutarato (AKG), que se produce cuando las células generan energía, lo que según Huang podría ampliar nuestro calendario biológico.

    Los resultados, dados a conocer recientemente por Nature, muestran que tras incluir el producto en la dieta, los gusanos de laboratoriovivieron un 50% más. «Si esto mismo puede aplicarse a los humanos es algo que aún está por ver», reconoció a The Times el propio científico asiático. O, mejor dicho, si lo que pretende es forrarse con su alargador de la vida, tendrá que demostrarlo en personas.

    Porque «en esto de vivir mucho no hay trucos», tercia el científico Alejandro Lucía. En colaboración con grupos de Japón, uno de los países, junto con España, con más longevos del mundo, ha descubierto que existe una variación en la secuencia de ADN relacionada con las enfermedades cardiovasculares que también está presente en personas muy longevas y sanas. Sobre todo en la población española.

    Se trata de una variante en el cromosoma 9p21.3, bastante más común en las mujeres que en los hombres. «Ser mujer es más determinante que ningún otro factor de los descubiertos hasta ahora», precisa el investigador de la Universidad Europea de Madrid tras haber analizado el genoma de 152 españoles de entre 100 y 111 años.

    «El 79% de los centenarios y supercentenarios son del sexo femenino». Y lo curioso, revela Lucía, «es que todos, españoles y nipones, están sanos como manzanas. Son personas que han pospuesto e incluso evitado enfermedades crónicas y asociadas a la edad. La mayoría es totalmente independiente y, a su manera, despacio, hacen la misma vida que una persona de 40 o de 50 años…»

  • http://www.elmundo.es/cronica/2014/07/27/53d360fbca4741d8048b456d.html

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