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Exhibición de músculo o muestra de pánico

Un misil de alcance intermedio, lanzado desde un buque iraní. | Reuters

Pese a su exhibición de músculo de medio y largo alcance, sus amenazas de cierre del estrecho de Ormuz, sus juegos de guerra marítimos y su anuncio de la introducción por primera vez de barras de combustible nuclear producido en el país, Irán se encuentra entre la espada (ataque) y la pared (sanciones paralizantes).

Con una grave crisis económica, tensiones internas en el liderazgo y la Primavera Árabe en los alrededores del régimen teocrático islámico, las amenazas de nuevas medidas para frenar su programa nuclear inquietan al Ayatolá Jamenei y al presidente iraní, Mahmud Ahmadinayad.

A Teherán le cuesta proseguir su estrategia del palo y la zanahoria tras eldemoledor informe de la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica) que apuntaba en noviembre que había indicios significativos de la finalidad militar de su proyecto nuclear. Ahmadinayad reitera que tiene sólo objetivos civiles (energéticos), pero sabe que cada vez hay menos países que se creen su discurso. Su fiel socio, el presidente sirio, Bashar Asad, no es precisamente un apoyo a tener en cuenta en estos momentos.

Teherán escucha que Israel (potencia nuclear) se prepara para un ataque contra sus reactores para acabar o al menos retrasar lo que considera una “amenaza existencial”. Los bombardeos de la Fuerza Aérea contra las plantas de Irak (1981) y Siria (2007) no invitan al optimismo en Natanz, Isfahán o Busher.

Teherán contempla los movimientos de la poderosa Quinta Flota que no permitirá el cierre de Ormuz -vía fundamental para el petróleo y, por ende, del bolsillo del mundo- y al presidente norteamericano, Barack Obama, decidido más que nunca a golpear el Banco Central iraní, columna importante del proyecto.

Ventas militares

No es casual que estos días se amplifiquen las suculentas ventas militares de EEUU a los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, el poderoso vecino suní que tiembla sólo con la idea de ayatolás chiis nucleares.

A nivel estrictamente militar, el lanzamiento de los misiles, incluso si prueba el Shabab 3 -capaz de alcanzar cualquier punto de Israel y las bases de EEUU en la región-, no supone un acontecimiento dramático. Los que tienen que saber saben perfectamente de qué está compuesto el arsenal iraní. El almirante y jefe de la Marina, Habibollah Sayyari, es consciente que si cierra el estrecho de Ormuz, la Quinta Flota es capaz de destrozar sus buques en pocas horas.

No sería, por tanto, una huida hacia delante sino un salto suicida al precipicio militar y estratégico (EEUU podría aprovechar el choque bélico en el Golfo para atacar las instalaciones nucleares) y también económico.

Aunque Arabia Saudí aumente su producción de petróleo, el cierre de Ormuz dispararía el precio del barril de crudo. Hoy ronda los 100 dólares. Según Teherán, podría alcanzar los 200 si bloquea Ormuz. Sería unsuicido económico para los propios ingresos estatales de Irán y, lo que es más grave en la escena internacional, para China. Pekín y Moscú siguen siendo el muro que frena sanciones más duras.

Maniobras marítimas

Las mediáticas maniobras marítimas Velayat 90, los anuncios de avances tecnológicos relacionados con su programa nuclear y las amenazadoras advertencias de la Guardia Revolucionaria son también un mensaje codificado al grupo 5+1 (EE.UU, Rusia, Francia, China, Reino Unido y Alemania) para volver a las negociaciones.

Las barras de combustible atómico y su declarada capacidad deenriquecimiento de uranio suponen una importante carta en las conversaciones con interlocutores cada vez más impacientes y enfadados. Ormuz es algo más que un estrecho. Es la llave hacia la guerra o el acuerdo.

 

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/02/internacional/1325506165.html

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