La amenaza de una tormenta solar perfecta

Las erupciones de los últimos días, que ayer se dejaron notar en la Tierra, irán en aumento en los próximos meses

La amenaza de una tormenta solar perfecta

Tal como estaba previsto, una densa nube de materia solar golpeó ayer a la Tierra, alcanzó su máxima intensidad hacia las tres de la tarde (hora española) e hizo notar sus efectos en una buena parte del mundo,especialmente en el hemisferio norte. Varios vuelos que debían sobrevolar el Ártico fueron desviados para evitar el exceso de radiación. Las auroras boreales fueron más intensas que nunca y pudieron verse incluso sobre Escocia, mucho más al sur de lo habitual. Las principales agencias espaciales seguían pendientes anoche de posibles fallos en ordenadores y sistemas de comunicaciones de los cientos de satélites que orbitan a la Tierra.

Los efectos de esta tormenta solar de clase M8,7 (las hay A, B, C, M y X, letras a las que sigue un número del 1 al 9), seguirán notándose durante todo el día de hoy, aunque no se esperan daños de consideración, pese a ser la más intensa desde 2005. Pero lo peor podría estar por llegar. En los últimos siete días, las manchas solares 1401 y 1402 han desplegado una inusitada actividad. De hecho, han ocasionado hasta tres llamaradas solares, cada una más fuerte que la anterior. La primera alcanzó Venus el pasado día 17 y, literalmente, le arrancó una pequeña parte de su atmósfera. Era de clase C6, es decir, mediana. La segunda, de clase M3, fue lanzada contra la Tierra y nos alcanzó el pasado fin de semana sin mayores consecuencias, ya que fue desviada por el «escudo natural» de nuestro planeta, la magnetosfera. La de ayer y hoy, la más fuerte de las tres, ha sido de clase M8,7 y estamos aún bajo sus efectos.

La amenaza de una tormenta solar perfecta

AFP
La erupción solar que afectó ayer a la Tierra, según una imagen de la NASA

Por supuesto, no se descarta que en los próximos días las manchas 1401 y 1402 produzcan nuevas erupciones solares, incluso más intensas. Y es prácticamente seguro, además, que futuras manchas producirán numerosos eventos de este tipo durante los próximos meses. De hecho, estamos entrando en la fase de máxima actividad del presente ciclo solar.

La actividad del Sol aumenta y disminuye en periodos de once años

Desde hace más de dos siglos, los astrónomos saben que la actividad del Sol es cíclica, y aumenta y disminuye en periodos de once años, a los que llamamos ciclos solares. Actualmente estamos en el ciclo 24, número que sólo expresa el tiempo transcurrido desde que nos dimos cuenta de la existencia de esos ciclos hasta hoy. Si multiplicamos 24 ciclos por 11 años cada uno obtendremos el número de años transcurridos desde que empezamos a observar sistemática y científicamente el Sol. En total, apenas 264 años… Un simple parpadeo si se comparan con los 5.000 millones de años de edad de nuestra estrella particular.

Mayor actividad solar

Venimos, además, de un ciclo (el 23) durante el cual el Sol estuvo inusualmente «tranquilo». La fase mínima de ese ciclo, en efecto, fue anormalmente larga y se prolongó durante años. Años en los que, sin embargo, la dependencia de las sociedades industrializadas de las redes de comunicaciones, la informática y la telefonía móvil no ha dejado de aumentar. Si el ciclo actual es, como parece que será, notablemente intenso, la humanidad «tecno-dependiente» se enfrentará por primera vez a un periodo de intensa actividad solar. Algo que podría tener consecuencias nefastas para nuestra forma de vida si no se toman las medidas oportunas.

Ya a finales de los 80, una tormenta solar quemó varias centrales canadienses, dejando sin energía a un tercio del país. La mayor tormenta de la que se tiene noticia sucedió en 1859 y se conoce como «Evento Carrington». En aquel tiempo, el único sistema eléctrico ampliamente extendido era la red de telégrafos, que quedó colapsada. Paradójicamente, si sucediera ahora, sería la primera catástrofe natural que afectara solo al primer mundo, ya que apenas se notaría en las sociedades poco industrializadas pero resultaría devastadora para las más avanzadas tecnológicamente.

¿Cómo se produce una tormenta solar?

Cada once años, la actividad del Sol alcanza su punto máximo. Aparecen manchas solares, que son zonas más frías y de color oscuro. La diferencia térmica causa erupciones solares, grandes y violentas llamaradas. Muchas provocan la súbita liberación de gran cantidad de materia solar, una nube ardiente de partículas y radiación llamada CME (eyección de masa coronal) que avanza a miles de km por segundo y golpea todo lo que halla a su paso. Si apunta a la Tierra, llega en un tiempo entre 18 y 36 horas.
¿Cómo se protege la Tierra?
La rotación del núcleo terrestre, que es metálico, genera un campo magnético, la magnetosfera, que es un escudo natural que absorbe el impacto de las eyecciones de masa coronal del Sol y las desvía hacia los polos (ver gráfico), causando espectaculares auroras boreales y australes.
¿Puede romperse el escudo defensivo?
Si la erupción es lo suficientemente intensa y la dirección del campo magnético de la eyección es perpendicular a la del campo terrestre, el escudo cederá y la atmósfera recibirá una gran cantidad de energía, capaz de cortocircuitar cualquier dispositivo eléctrónico.
¿Qué consecuencias tendría la ruptura?
Un reciente informe de la NASA advertía de los peligros: grandes ciudades sin electricidad ni comunicaciones durante años, éxodos masivos a las zonas rurales y un coste económico cientos de veces superior al huracán Katrina.
¿Qué se puede hacer?
La única solución es desconectar temporalmente las centrales eléctricas y las redes de telecomunicaciones hasta que pase el peligro. Se está trabajando en protocolos para hacerlo a tiempo.

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