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La carta que debería hacer estremecer a Wall Street

Una de los hechos que más fueron comentados ayer en Wall Street fue la dimisión de Greg Smitch, director ejecutivo de derivados en Goldman Sachs. Pero más que la dimisión en sí, ya sorprendente de por sí, lo que convulsionó a las mesas de tesorería de los principales bancos americanos, fue la dura crítica que lanzaba sobre Goldman Sachs, a la que conoce muy bien, y a la que tilda de que no protege el interés de sus clientes, sino el suyo propio. He traído a estas páginas la carta que el propio autor ha mandado a los medios porque es suficientemente significativa y no necesita mayor explicación. Sólo me queda alabar la integridad de este caballero.

Hoy es mi último día en Goldman Sachs. Después de casi 12 años en la empresa – primero como pasante de verano mientras que estudiaba en Stanford, luego en Nueva York durante 10 años, y ahora en Londres. Creo que he trabajado aquí el tiempo suficiente para comprender la trayectoria de su cultura, su gente y su identidad. Y puedo decir honestamente que el entorno actual es tan tóxico y destructivo como jamás he visto.

Para simplificar el problema, los intereses del cliente están siendo dejados de lado en pos de los intereses de la empresa. Goldman Sachs es uno de los bancos de inversión más grandes e importantes del mundo y es esencial para que las finanzas globales sigan actuando de esta manera. La empresa ha dado un giro tan lejos del lugar al que yo me uní cuando estaba en la universidad, que por una cuestión de conciencia ya no puedo identificarme más con lo que representa.

Puede parecer sorprendente para un público escéptico, pero la cultura siempre fue una parte vital del éxito de Goldman Sachs. Todo giraba en torno al trabajo en equipo, a la integridad, al espíritu de humildad, y a siempre hacer lo correcto para nuestros clientes. La cultura es el ingrediente secreto que hizo grande a este lugar y nos permitió ganar la confianza de nuestros clientes durante 143 años. No se trataba sólo de hacer dinero, lo que por sí solo no iba a sostener una empresa durante tanto tiempo. Tenía algo que ver con el orgullo y la creencia en la organización. Me entristece decir que miro a mí alrededor hoy y no veo prácticamente ningún rastro de la cultura de empresa en la que me encantaba trabajar. Ya no tengo orgullo, ni creo en la compañía.

Pero este no fue siempre el caso. Durante más de una década fui reclutador y mentor de los candidatos a través de nuestro extenuante proceso de entrevistas. Yo fui seleccionado como una de las 10 personas (de una empresa de más de 30.000) que aparecían en el vídeo de reclutamiento que se emitía en todos los campus de las universidades de todo el mundo que visitamos. En 2006 dirigí el programa de verano de Ventas y Trading en Nueva York, para los 80 estudiantes que pasaron el corte, de los miles que lo solicitaron.

Yo sabía que era hora de marcharme cuando me di cuenta de que ya no podía mirar a los estudiantes a los ojos y decirles lo grande que es este lugar para trabajar.

Cuando se escriban los libros de historia acerca de Goldman Sachs, pueden reflejar que el actual director ejecutivo, Lloyd C. Blankfein, y el presidente, Gary D. Cohn, perdieron el dominio de la cultura de la empresa en su mandato. Sinceramente, creo que esta disminución de la fibra moral de la empresa representa la amenaza más grave para su supervivencia a largo plazo.

En el transcurso de mi carrera he tenido el privilegio de asesorar a dos de los mayores fondos de cobertura del planeta, cinco de los mayores gestores de activos en los Estados Unidos, y tres de los fondos más importantes en el Medio Oriente y Asia. Mis clientes tenían una base total de activos de más de un billón de dólares. Siempre me he sentido muy orgulloso al asesorar a mis clientes para que hagan lo que yo creo que es correcto para ellos, incluso si eso significaba menos dinero para la empresa. Esta visión se está convirtiendo cada vez más impopular en Goldman Sachs. Otra señal de que ya era hora de irse.

¿Cómo llegamos hasta aquí? La empresa cambió la forma en que pensaba sobre el liderazgo. El liderazgo solía ser de ideas, dando ejemplo y haciendo lo correcto. Hoy en día, si usted hace el dinero suficiente para la empresa (y no es un asesino en serie) será promovido a una posición de influencia.

¿Cuáles son las tres maneras más rápidas para convertirse en un líder?

a) Ejecutar “las hachas” de la firma Goldman, que quiere decir persuadir a los clientes para que inviertan en acciones u otros productos de los que estemos tratando de deshacernos porque no se considera que tienen una gran ganancia potencial.

b) “Cazar elefantes” Es decir: conseguir clientes -algunos de los cuales son sofisticados, y algunos no lo son – para las operaciones con mayor beneficio para Goldman. Llámenme anticuado, pero no me gusta vender a mis clientes un producto que sea malo para ellos.

c) Sentarse en una silla, donde su trabajo sea operar con un producto ilíquido, opaco, y con un acrónimo de tres letras.

Hoy en día, muchos de estos líderes muestran la pasada cultura de Goldman Sachs en un porcentaje exactamente del cero por ciento. Asisto a las reuniones de ventas de derivados, donde no se gasta ni un solo minuto en hacer preguntas acerca de cómo podemos ayudar a los clientes. Es una mera cuestión de cómo podemos sacarles el mayor dinero posible. Si usted fuera un extraterrestre de Marte y se sentara en una de estas reuniones, creería que el éxito de un cliente o su progreso, no es en absoluto, parte del proceso de pensamiento.

Me pone enfermo la frialdad con la que la gente habla acerca de sus clientes. En los últimos 12 meses he visto como cinco diferentes directores de gestión se refieren a sus propios clientes como “Muppets” (nombre de un grupo de títeres), a veces por correo electrónico interno.

No conozco ningún comportamiento ilegal, es más bien que se empuja a los clientes a productos más complicados y por supuesto más lucrativos, aunque para el tipo de clientes fuera más adecuado unas inversiones más sencillas. Esto se hace todos los días.

Me asombra cómo la alta dirección no entiende una verdad fundamental: Si el cliente no confía en ti, al final ellos dejarán de hacer negocios contigo. No importa lo inteligente que seas.

En estos días, la pregunta más común que recibo de los analistas más jóvenes acerca de los derivados es, “¿Cuánto dinero tenemos que hacer de los clientes?” Me molesta cada vez que lo oigo, porque es un claro reflejo de lo que están observando de sus líderes sobre la manera en que deben comportarse.

Ahora proyectémonos 10 años en el futuro: No hace falta ser un genio para darse cuenta de que el analista junior sentado tranquilamente en la esquina de la sala de audiencia de “Los Muppets”, “arrancando ojos”  no se va a convertir exactamente en un ciudadano modelo.

Cuando yo era un analista de primer año no sabía dónde estaba el baño, o cómo atarme los cordones de los zapatos. A mí me enseñaron a preocuparme por el aprendizaje de los principios fundamentales, descubrir lo que era un derivado, la comprensión de las finanzas, conocer a nuestros clientes y lo que los motivaba, el aprendizaje de cómo se define el éxito y lo que podemos hacer para ayudarles a llegar allí.

Mis mejores momentos en la vida: conseguir una beca completa para ir de Sudáfrica a la Universidad de Stanford, ser seleccionado como finalista de la beca nacional Rhodes, ganar una medalla de bronce para el tenis de mesa en los Juegos Macabeos en Israel, conocida como los Juegos Olímpicos de judíos- tiene todo que ver con el trabajo duro, sin atajos. Goldman Sachs, hoy en día se ha convertido en un sitio con demasiados atajos. Simplemente no me siento bien allí.

Espero que esto pueda ser una llamada de atención a la junta directiva. Situar al cliente en el punto focal del negocio otra vez. Sin clientes no se va a ganar dinero. De hecho, no existirían. Eliminar a la gente moralmente en bancarrota, no importa cuánto dinero ganen para la empresa. Y volver a la cultura de lo correcto de nuevo, por lo que la gente quiere trabajar aquí. Las personas que sólo se preocupan por ganar dinero no pueden sostener esta empresa – o la confianza de sus clientes – por mucho más tiempo.

http://lacartadelabolsa.com/leer/articulo/la_carta_que_deberia_hacer_estremecer_a_wall_street

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