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Mantra vs. Realidad

Se está empezando a generar un nuevo mantra que se está repitiendo de forma no agresiva pero continuada: España no va bien porque no crece, y la forma para posibilitar el crecimiento es llevar a cabo reformas estructurales en el mercado de trabajo de modo que se modifiquen legislaciones y operativas laborales -protección al empleo, tipología de contratación, indemnizaciones por despido, …- a fin de que la demanda de trabajo contrate y, así, se produzca un benéfico crecimiento que dinamice la actividad, el consumo, y la recaudación fiscal. Aún no se ha llegado aquí, pero parece claro cuál podría ser la próxima evolución de esta línea: ‘la culpa de que España no enderece su situación la tiene el mundo del trabajo’.

Digámoslo por enésima vez: la demanda de trabajo, cuando necesita de ese factor lo busca, como hace la demanda de todo, y cuando lo necesita poco o muy poco, selecciona y busca las opciones que más le convienen. Con esta legislación laboral española que ahora cada vez más consideran horrorosamente horrible fue con la que en la cúspide del ‘España va más que bien’ nos dijeron que la tasa de desempleo estaba cerca del pleno empleo: ¡el 7,9%! (tal vez lo dijeron algunos de los que ahora maldicen la actual legislación laboral).

Hoy, la economía española va peor que otras porque a) le empresa tipo española ha dependido del crédito en todo y para todo; b) porque, históricamente, el PIB español se ha generado a base de actividades cíclicas, temporales e intensivas en factor trabajo, por ello, y hasta mediados de los años 70, aquel factor trabajo que no podía ocuparse, emigraba; c) en los últimos cincuenta años la actividad estrella del crecimiento español ha sido el ladrillo: todo boom económico habido en España ha estado, de una u otra manera, vinculado al mismo; d) como consecuencia de ello el nivel de capitalización de la empresa española media es reducido, razón por la que esa empresa media no precisa de elevados niveles de cualificación, y es también la razón por la que los elaborados españoles estándar son de bajo valor; y e) el fraude fiscal existente en España -un nivel doble que en Alemania, por ejemplo- ha sido utilizado aquí por un gran número de empresas como diferencial competitivo ya que por el valor de lo elaborado no era rentable mejorar la productividad vía inversión. Absolutamente en nada de lo apuntado el factor trabajo ha tenido responsabilidad alguna.

El mercado de trabajo en España es -ha sido, veremos mañana- precario, cíclico y temporal porque lo era la actividad económica; a eso añádase un empresariado que ha tenido pavor a negociar nada debido a que como la competencia interior era prácticamente nula, prefería aceptar y cargar a precios mejoras muchas salariales veces ridículas pero inasumibles para ese subsector o esa actividad, y cuando la globalización se ha consolidado, pura y simplemente ha deslocalizado la manufactura al exterior. Porque no nos engañemos: el obrero español medio ha sido y es pobre: los salarios españoles son de los más reducidos de Europa al igual que lo son los restantes costes laborales, pero para paliar eso a la clase obrera española (¿cuánto hacía que no leían este concepto?) graciosamente se la concedió capacidad de endeudamiento (y sólo entonces el español de a pie pudo verdaderamente ejercer la democracia: ¿qué hay más democrático que todo aquel que quiera pueda acceder a un BMW?.

España no volverá a crecer nunca más con la intensidad que ha crecido porque lo que lo ha posibilitado no volverá a darse: nunca volverán a construirse 800.000 viviendas anuales, ni vendrán 56 millones de turistas, ni se fabricarán 3 millones de automóviles, ni la inversión del Estado, Regiones o Ayuntamientos en infraestructuras alcanzará los niveles de estos años pasados. Hágase otra reforma laboral o no se haga. En consecuencia España va a tener que asumir que va a padecer un nivel de desempleo estructural alto, muy alto: de entre el 12% y el 18% según las épocas, con niveles sostenidos del 16%, según varias estimaciones de diversos think tanks. ¿Lo que hoy se denomina desempleo?, ni idea, posiblemente porque tal cálculo deje de realizarse, porque en España cada vez va a sobrar más población-actualente-denominada-activa, porque el subempleo será habitual y porque la temporalidad será la norma.

España ha vivido una época excepcional, irrepetible: era necesaria para hacer negocio y al hacerse tal negocio la ciudadanía española, las empresas españolas, las Administraciones españolas, han tenido acceso al material que ha posibilitado todo lo anterior: el crédito: un recurso creído ilimitado al igual que todos los demás. El problema de España es que detrás de eso había muy poco. España ha sido fuente de negocio, en España se han hecho buenos negocios, el problema residía en que tras eso había muy poco, y cuando esa dinámica no ha podido sostenerse por más tiempo, se acabó.

El modelo laboral español, pienso, ha sido el que ha sido porque no podía ser de otra manera debido a que quienes han ostentado el poder en los últimos doscientos años ya les iba bien que fuese el que ha sido. La última oportunidad que tuvo España para que cambiasen cosas, fue en las Guerras de Coalición. Pienso que para España hubiese sido muy bueno que Napoleón las hubiese ganado, pero no sólo las perdió sino que aquí convertimos en episodio nacional contribuir a que así fuese. Luego el desastre: sin una burguesía potente se construyó un modelo productivo obsoleto y política y culturalmente superado. La actual estructura del PIB español -y el desempleo del factor trabajo de hoy- es hijo de aquel modelo.

¿Ejemplos?. Ya se lo he comentado: semanalmente colaboro en el programa La Ventana de la SER. El Martes 25 participó una oyente desde una localidad española. Dijo que estaba a punto de cerrar un negocio familiar en que ocupaba a tres familias; ¿el motivo?, que la entidad financiera con la que trabajaba no le renovaba la póliza de crédito que tenían desde hace un montón de años. Esa empresa va a cerrar a pesar de que no tiene impagados, ni debe nada a nadie, y a pesar de que tiene pedidos. ¿Su pecado?: pertenecer al sector de la construcción: se dedica a rehabilitaciones y transformaciones y realiza alguna vivienda unifamiliar de tanto en cuanto.

Esto ha sido España, esto es España. Y no hay reforma laboral que lo arregle, entre otras cosas porque recortar derechos, empeorar condiciones y empobrecer a la clase obrera española (se ha dejado de utilizar, pero, ¿qué tiene de malo esa expresión?) no es ninguna solución.

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

 

http://lacartadelabolsa.com/leer/articulo/mantra_vs._realidad

 

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