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Propuestas; en definitiva, medidas y políticas; posible soluciones

No voy a comentar las previsiones del FMI porque a estas alturas las conocerán Uds. perfectamente (http://ow.ly/am1oz), lo que si quiero resaltar al respecto son cuatro aspectos.

Uno: hasta el 2017, año en el que finaliza la serie, el crecimiento español va estar por debajo del 2,0% y esa es la tasa mínima a la que debe aumentar el PIB para que España cree empleo neto.

Dos: la suma de las tasas de crecimiento y déficit previstas por el organismo muestra una evolución permanentemente por debajo de cero: 2012: -7,85, 2013: -5,56, 2014: -4,07, 2015: -3,11, 2016: -2,62, 2017: -2,27.

Tres: la deuda pública española muestra una senda contantemente creciente: 2012: 79,04%; 2013: 84,03%; 2014: 87,43%; 2015: 89,31%; 2016: 90,72%; 2017: 91,85%, deuda cuyos intereses habrá que atender y deuda que habrá que amortizar o refinanciar.

Cuatro: las exportaciones, que iban a ser la herramienta que iba a sacar a España de la crisis, avanzan a ritmo famélico, y así lo hacen ya en el cuadro macroeconómico que el Gobierno del reino ha utilizado para elaborar los Presupuestos del año en curso: el 3,5% (cuando en el 2011 avanzaron el 9,0% y en el 2010 el 13,5%). El saldo exterior continúa siendo negativo a lo largo de la serie temporal de las previsiones del FMI porque las exportaciones declinarán debido a la situación mundial y europea en particular y porque la dependencia energética española seguirá estando donde siempre ha estado.

La sensación que producen todos estos números es la de que la economía española se halla muy enferma, lo que se manifiesta en su déficit; que dicha economía no muestra signo alguno de recuperación: la tendencia es una seguir ‘estancadamente en declive’; y que sus posibilidades son verdaderamente muy reducidas debido a que ni crece para atender su enfermedad ni puede crecer lo suficiente para nutrir su recuperación. En resumen, la imagen que se forma en mi cerebro cuando veo estas cifras sobre España es la de uno de esos esqueletos que debía haber sido un edificio y de los que nuestra geografía está hoy repleta.

Lo fácil es echar la culpa ‘al Gobierno’ cuando otro Gobierno tampoco tendría ninguna opción, cuando ningún Gobierno de ningún país la tiene porque esto-que-estamos-viviendo es algo que se halla mucho más allá de los países, de las instituciones y de, incluso, los inversores ya que es algo que afecta al bloque que todos forman; y lo que dice una mirada rápida a ese bloque es que no hay recursos para todo ni para todos.

España, haciendo cosas por su cuenta, lo único que va a conseguir es morirse toda ella (todos los países, pero España antes porque está peor). Lo repetimos, lo prioritario es superaligerar la deuda total y limpiar los bancos, y no haciendo primero una cosa y luego la otra, sino de forma conjunta porque ambos problemas se interpenetran. España tiene mucho que decir y que hacer aquí. Y sí habrá ‘gente’ que no cobrará lo que se les debe, pero de todos modos hoy ya no cobra.

A continuación debe realizarse un inventario de recursos, de puntos fuertes, de cosas positivas, de actividades productivas, de compañías que se ocupen de esas actividades, a fin de saber con que se cuenta, localizando y posicionando todo muy bien, viendo los caminos de entrada y de salida de los componentes del PIB, y sus vinculaciones. España tiene cosas buenas, actividades productivas, zonas con posibilidades, empresas capaces; tiene todo eso.

Después hay que decidir algo crucial: que como no hay recursos para todo y el café para todos se acabó, lo que supone centrar esfuerzos y recursos en aquellas zonas con auténticas posibilidades, en aquellas actividades con auténtico futuro, en aquellas compañías que puedan desenvolverse solventemente en un escenario de escasez. Esto implicará cosas: agrupaciones de municipios, segregación de territorios, planificación de necesidades, intervención y regulación de decisiones.

Las áreas y zonas que queden fuera de las redes de coordinación de los clusters que se implementarán deberán ser reguladas a fin de administrar su subsistencia, implantando los mecanismos adecuados para su supervivencia, y regulando estrictamente el equilibrio entre disponibilidad, consumo, aprovechamiento y reposición de unos recursos que, de nuevo, son y van a continuar siendo escasos.

La idea es muy simple: no hay de todo para todos de forma continuada, luego es imprescindible que lo que haya sea utilizado de la forma más eficiente que en cada momento sea posible por las personas físicas y jurídicas idóneas a fin de que rindan lo máximo para obtener lo que sea necesario, es decir, lo importante. Y todo eso debe hacerse al margen de colores políticos, de amiguismos, de corruptelas más o menos light y de géneros, o como hoy dicen los puristas, de sexos.

Lo repito: no hay de todo para todos para hacer todo lo que se le pueda ocurrir a la gente. Empiécese a trabajar por aquí, lo del déficit se resolverá sólo.

(A quienes pueda interesar: El próximo Lunes 23: el próximo Lunes, Día del Libro, estaré firmando ejemplares de mis dos libros en Barcelona, en los puestos que instalarán las librerías que se indican a las horas señaladas: 12:00 h – FNAC El Triangle (Pza. de Catalunya); 13:00 h – Abacus (Junto a edificio Banco de España); 16:00 h – Casa del Llibre (Rambla de Catalunya, 37).

 

@sninobecerra

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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