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¿Te asusta la revolución de Uber? ¡Pues espera a que llegue a España aparcaenmicasa!

Los líderes de la «economía compartida» repasan en Londres la mezcla de búsqueda de eficiencia, tecnología, modas y la vieja costumbre humana de compartir que explica su fulgurante éxito

Transforman costumbres. Derriban monopolios. Sacuden marcos jurídicos. Provocan huelgas. Una nueva estirpe de empresarios treinteañeros de la llamada «economía compartida» transforman nuestras vidas, agazapados en nuestro teléfono. Te dejas seducir y acabas con un extraño en el sofá de casa, o compartiendo esquís y abono para el jardín con un desconocido. La penetración de aplicaciones como Uber o Airbnb es imparable. Tan rápida, que apenas hay tiempo para estudiar sus implicaciones y las dinámicas que determinan su rompedora popularidad.

Unas 18.000 familias y propietarios de plazas de garage las alquilan en esta aplicación

Eso es lo que han hecho estos días en laSemana de la Tecnología de Londres los responsables de las aplicaciones más consolidades del sector, y de los nuevos servicios y plataformas que se abren paso. Un buen ejemplo de la lógica expansiva del fenónemo es ParkatmyHouse, o aparcaenmicasa. Si tengo una plaza de garage o un sitio de aparcamiento reservado en la acera, ¿por qué no alquilarlo a otra persona en las horas en que no lo uso?

Como suele ser el caso, una simple aplicación conecta a usuarios que buscan plaza con quienes desean alquilar la suya por unas horas, o unos días si se van de vacaciones. El buscador localiza las plazas disponibles en la ubicación y fechas u horas deseadas, y presenta los resultados en función del precio del alquiler. Incluye plazas de particulares y parkings de hoteles y similares en unas 50.000 localizaciones del Reino Unido. Y su objetivo -porque las «startups» deben combinar el ánimo de lucro con la ambición de cambiar el mundo- es optimizar el uso de plazas particulares para ahorrarnos tiempo y descongestionar de coches las ciudades.

1. Búsqueda de eficiencia entre particulares

Es la piedra filosofal de la nueva economía compartida: ayudar a las personas a ser más eficientes en la gestión de su vida, su tiempo y sus activos. «Alquilar un garage o plaza privada puede ahorrarte hasta el 70% de los costes de aparcamiento», aseguran desde ParkatmyHouse. Un estudio realizado por IBM en 2011 entre conductores de 20 grandes ciudades de todo el mundo, incluida Madrid, concluía que el 30% del tráfico en las ciudades es causado por conductores que buscan un sitio para aparcar.

Y los ineficientes sistemas de aparcamiento urbano son los culpables, según el estudio [puedes consultarlo aquí], de que el 69% de los conductores madrileños encuestados reconozcan no haber llegado a su destino por falta de plaza de aparcamiento. ¿Solución? La que espontáneamente aplicaban desde hacía años los propietarios de espacios de aparcamiento reservados en los aledaños de Wimbledon durante el torneo de tenis: alquilarlas a otros particulares.

La aplicación ya cuenta con 250.000 clientes en Reino Unido y permite alquilar sus plazas de garage a 18.000 familias y propietarios particulares. Este martes Alex Stephany, consejero delegado de ParkatmyHouse, explicaba en un debate en la sede londinense de Google que «el auge de los móviles lleva las plataformas para este tipo de servicios a nuestros bolsillos, y el incremento en eficiencia es enorme». Es la alquimia contemporánea: persona con un problema + tecnología (aplicación de móvil) = persona con una solución.

2. Generación de una comunidad de confianza

A esta dinámica de buscar una mayor eficiencia en la gestión de tus activos -tu casa, tu plaza de garage, tu sofá, un asiento en tu coche…- mediante las nuevas tecnologías hay que sumar un segundo factor clave: «la búsqueda de confianza, que es la que genera el ciclo de validación de los usuarios a partir de los comentarios y las críticas», según explica Mark Walker, director general de Zipcar en Reino Unido.

Todas estas nuevas aplicaciones incorporan herramientas para construir una comunidad de usuarios que comentan y valoran los servicios recibidos. Si un coche de Uber huele mal o una casa en alquiler en Airbnb está sucia, el mercado lo conocerá. Algunas «startups» llevan esta lógica de construcción de tejidos de confianza entre desconocidos a ámbitos que rezuman un optimismo antropológico que parecía extinguido en la jungla urbana contemporánea.

Un ejemplo sería la aplicación londinense Hand Me In (devuélveme), que distribuye un indicativo digital para identificar tus bienes de valor en caso de pérdida (el portátil o el móvil, por ejemplo). Así, quién lo encuentra puede conectarse a la url única asociada a cada objeto, desde la que puede acordar una forma de devolución con el propietario, que enviará por email una propuesta de «recompensa». En este ciclo de confianza juega un papel también la épica personal que rodea a la nueva economía digital.

Y ParkatmyHouse, además de cumplir los requisitos de eficiencia y confianza, satisface plenamente el de la mística fundacional de muchos de estos negocios, creados por veinteañeros y treinteañeros para los miembros de su propia generación. Anthony Eskinazy, fundador de ParkatmyHouse, tenía solo 23 años y acababa de salir de la universidad de Leeds cuando concibió la compañía.

ParkatmyHouse quiere expandirse en Europa y Norteamérica como JustPark

La idea surgió en unas vacaciones en San Francisco, cuando no logró aparcar el coche antes de un partido de béisbol a pesar de que había muchas plazas vacías, todas ellas reservadas a sus propietarios. La red incluye ya 100.000 plazas en unas 50.000 localidades de Gran Bretaña. Y, según explica a ABC un portavoz de la compañía, España figura en sus inminentes planes de expansión.

Estos pasan por Europa primero, y Norteamérica después. Tras su fundación en 2006, ParkatmyHouse recibió una inyección de capital de BMW i Ventures, el brazo inversor de BMW, y se encuentran en pleno proceso de ampliación de capital para financiar su expansión en Europa, con un nuevo nombre: JustPark.

3. La vieja costumbre humana de compartir

Junto a los atributos más rupturistas y novedosos de este tipo de nuevas tecnologías-filosofías, figura una dinámica subyacente -según coinciden muchos de los emprendedorers consultados- que conecta con los hábitos más antiguos de la Humanidad. «La gente antes solía compartir muchas cosas con sus vecinos, son prácticas que se habían perdido, pero ahora la tecnología permite reconectarnos», reflexiona Walker de Zipcar.

Un buen ejemplo es Rent My Items, una plataforma digital británica para alquilar… todo. Los juguetes del bebé, la aspiradora, la caja de herramientas, el trastero, la barbacoa, un hueco en el garage, o cinco sillas de comedor de piel color crema a cinco libras (seis euros) cada una por semana, como indicaba la web esta semana. En el caso de una de las compañías que mejor representan esta corriente, Airbnb, conectan con algo aún más profundo, según creen.

«La gente ha dado la bienvenida a extraños en sus casas durante milenios», explica Patrick Robinson, responsable de asuntos públicos de Airbnb, la compañía que permite encontrar alojamiento sin pasar por los hoteles ni las agencias. De nuevo, una solución simple y eficaz entre particulares que sacude el funcionamiento -y el modelo de negocio- de industrias tan consolidadas como la hostelería.

4. Vocación desafiante y de resistencia

A medida que evolucionan, este tipo de fenómenos disruptivos transforman el ecosistema legal y económico previamente existente en torno a la necesidad que satisfacen, o la utilidad que brindan. El ejemplomás actual es Uber, que ha decidido desafiar a las autoridades de Francia, Bélgica o Barcelona reivindicando su sistema de taxi como unmodelo compartido, entre iguales o «peer-to-peer». En España solo opera por ahora en la Ciudad Condal, pero Uber está presente ya en 70 ciudades de 38 países. Y tiene a las agrupaciones y sindicatos del taxi en pie de guerra.

En el caso de Airbnb, su reto en Gran Bretaña es que las autoridades liberalicen los subarrendamientos por periodos cortos en Londres. Y se muestran optimistas al respecto. En Nueva York, en cambio, el gobierno local les ha plantado cara y les exige un registro e inspecciones a quienes alquilan pisos o cuartos en su plataforma, a los que las autoridades quieren someter a los estándares de seguridad y salubridad aplicables en el sector hostelero. Un estudio de la Universidad de Boston ha estimado, por primera vez, que cada aumento del 1% de la oferta de Airbnb en una ciudad supone una pérdida de ingresos del 0,05% para los hoteles.

¿Te asusta la revolución de Uber? ¡Pues espera a que llegue a España aparcaenmicasa!

Economía Compartida

Parkatmyhouse, por su parte, también alcanzó una victoria crucial en su desarrollo cuando las autoridades londinenses aceptaron modificar la legislación que divide la ciudad en zonas residenciales y comerciales. En sus inicios, los propietarios privados de plazas de garage o aparcamiento particulares se enfrentaban a multas de 20.000 libras por transformar, de facto, esas plazas en la puerta de su casa en espacio comercial en una zona calificada de residencial. «Era una cuestión de sentido común», defiende Stephany.

Sin embargo, a esta fase de ruptura y choque con el sistema puede seguirle una de adaptación mutua y fusión posterior de la «startup» con el paisaje. Así le ha ocurrido a Zipcar, la exitosa plataforma de alquiler de coches adquirida por Avis en 2013 por 500 millones de dólares. «A medida que hemos crecido hemos terminado viéndonos como una forma auxiliar del sistema de transporte público», explica Walker. El modelo de Zipcar se basa en la utilización de coches de alquiler «low-cost» que disponen de plazas reservadas por las calles de Londres.

El acceso al vehículo -que puede solicitarse al momento con una búsqueda del coche disponible más cercano en la aplicación- se realizamediante una tarjeta RFID, que emite una señal de radiofrecuencia reconocida por el coche. Las llaves se encuentran en el interior. Otras veces la propia tarjeta acciona el motor. Según explicaban sus responsables esta semana en la Semana de la Tecnología de Londres, Zipcar ha terminado por solicitar a la autoridad de transportes londinense el ser integrados en los esquemas de sanciones, multas y grúa municipal, con el objetivo de «ayudarles a resolver los problemas de congestión del tráfico y contaminación del aire».

Otras empresas digitales se mantienen más firmes en su vocación de darle la vuelta al status quo. Es el caso de Echo, una plataforma de economía compartida creada en Londres en la que tu tiempo y tus habilidades compartidas con otros se convierten en «echos», una unidad de medida de tiempo social equivalente a una hora de trabajo. En su página de ofertas, ofrecen sus servicios a cambio de «echos» diseñadores gráficos o de páginas web, asesores medioambientales o masajistas especializados en reiki, mientras que, en el lado de la demanda, otros usuarios buscan la ayuda de un despacho de arquitectura o de un especialista en derivados financieros.

«Al final, aspiramos a ver una disolución de lo personal y lo profesional en un esquema en el que cada persona tiene una serie de habilidades y conocimientos, y estos se intercambian y se valoran en echos», explica uno portavoz. Un mercado pero sin dinero, tal y como se anuncian. Una revolución económica.

5. Y marketing «del de toda la vida»

En este camino revolucionario, otros partícipes citan entre los factores necesarios para el éxito «un poco de marketing y branding del de toda la vida», según explica Robinson de Airbnb. El éxito final de una compañía digital se mide por alcanzar la cualidad bíblica y definitiva de dar nombre a las cosas, de convertirse en el «Airbnb para perros» o en el «Citymapper» de las rutas de peregrinación. «Lo que han hecho muchas de estas compañías es crear marcas asociadas a un modo de vida», insiste Robinson.

Hacer fotos «muy Instagram», ser una persona «más Twitter que Facebook», o preferir los «echos» a la libra son expresiones definitorias en la vida de cada vez más personas. Al menos, en la de los 2.000 millones de seres humanos conectados a Internet. Porque 5.000 millones no lo están todavía.

http://www.abc.es/economia/20140619/abci-uber-otros-201406181749.html

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